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La estrategia debería ser fortalecer la Salud Pública

Jorge "Koki" Duarte es Secretario General del Consejo Directivo Provincial de ATE Misiones y también de la CTA Autónoma de Misiones.  Enfermero en el sistema de Salud Pública, analiza la situación del sistema sanitario de nuestra provincia y las políticas que deberían implementarse en el marco de la amenaza de la expansión de la pandemia de Coronavirus en nuestra zona. 

Esta amenaza emergente para la salud pública, la pandemia del Síndrome Respiratorio Agudo Severo Coronavirus 2 (SARS-CoV-2) y lo que causa, la enfermedad por Coronavirus 2019 (COVID-19), puso en jaque a los sistemas sanitarios del mundo, y pone a prueba su capacidad de respuesta,  revelando diferentes resultados que radican en sus Sistemas Sanitarios con sus componentes que lo sustentan: sus estructuras físicas (número de hospitales, número de camas por habitantes, elementos e insumos de trabajo), sus políticas sanitarias (el Estado como rector del lineamiento Político-Sanitario), sus Recursos Humanos (equipo de salud multidisciplinario, en cantidad y capacitación).

Como ejemplo podemos ver a los sistemas sanitarios  de Japón o Corea del Sur, que manejaron esta pandemia poniendo todas sus herramientas al servicio de la Salud de la población con un  impacto marcadamente menor, a diferencia de otros países en cuyos sistemas sanitarios subyacen factores que jugaron en contra en esta crisis, como las decisiones adoptadas o el número de camas disponibles para atender las demandas como ha sido el caso de  Irán, España, Italia y China.   Los primeros, países con sistemas fortalecidos, cuentan con un índice de camas cada 1.000 habitantes que va de 11,5 a 13,4 mientras los segundos 0,2; 3; 3,4 y 4,2  camas cada 1.000 habitantes respectivamente.

 Los países con resultados óptimos tuvieron otra acción decisiva, efectuaban las pruebas en forma masiva. Corea del Sur  tenía una red de 96 laboratorios que procesaban los hisopados nasales y orofaríngeos para diagnosticar el virus, identificaron no sólo a casos sospechosos sino que lograron identificar a los infectados a quienes pusieron en cuarentena y monitorearon su evolución, permitiendo retrasar la diseminación y brindar mejor atención a los enfermos. 

 Las epidemias han sido eventos de crisis que atravesamos los pueblos a lo largo de la historia en  convivencia con la naturaleza de la cual el hombre es parte. El modelo actual de interrelación nos presenta esta dolorosa lección, nos plantea que debemos centrar la atención  en la salud pública, muchas veces dejados de lado por nuestras máximas autoridades sanitarias ante la “ecuación monetaria que representa”.

El sistema sanitario misionero: carencias y fortalezas

Nuestras autoridades provinciales sostienen que  Misiones tiene “un sistema sanitario preparado”,   mirada que queda por tierra cuando recorremos los hospitales de distintos niveles de complejidad con innumerables carencias estructurales, de recursos humanos y de elementos básicos para el desarrollo cotidiano de las funciones sanitarias. A pesar de ello es vital resaltar una característica sustancial del sistema en Misiones: sus trabajadores. Ese equipo de salud (choferes, administrativos, mucamas, enfermeras, médicos, bioquímicos, técnicos, psicólogos, promotores, trabajadores sociales, etc., etc.)  como principal componente dispuesto a afrontar estos desafíos en marcada desventaja pero con el compromiso social potenciado, retribuido por la comunidad con gestos invalorables como la confección de camisolines, barbijos y batas para la protección de los trabajadores sanitarios.

La amenaza se encuentra latente, esta epidemia de COVID19 un virus con terrible poder de contagio, pone en la primera línea de acción a los trabajadores y trabajadoras de salud. Algunas observaciones reflejan que en algunos países el nivel de contagio de los trabajadores sanitarios llega a un 8,3%, como el caso de Italia que ya superan los 2.629 los infectados en el equipo de sanitario de ese país. 

Para esto la provisión de materiales de protección personal en cantidad y calidad apropiada es sustancial para mantener la bioseguridad de cada uno de los integrantes del Equipo de Salud, se debe priorizar la protección del personal de todos los hospitales y CAPS socializando los protocolos, disponiendo de estas herramientas e instrumentando estas medidas de forma masiva en todos los lugares inclusive en las  ambulancias y unidades de traslado.

Nuestro sistema público de salud cuenta con 1.616 camas de las cuales 90 son de Cuidados Intensivos entre estas 32 en el área de pediatría y neonatología. Ubicando el índice de número de camas por 1.000 habitantes en 3.0, siendo esta una estructura endeble para una alta demanda. La adquisición reciente de tecnología (respiradores) es sumamente necesaria (los respiradores de las UTI están  en su límite de utilización) para dar una mejor respuesta a la eminente propagación del COVID 19. Esta aparatología médica requiere intensificar el número de trabajadores para esta área. La tecnología y el personal son decisivos y van de la mano con un conjunto de elementos como suministro de oxígeno y aspiración central, aire comprimido, humidificadores.

En  referencia a la cantidad de trabajadores de la salud, los números no son los más alentadores. Según el Observatorio Federal de Recursos Humanos en Salud del Ministerio de Salud de la Nación,  a provincia de Misiones se ubica con los índices más bajos del país de enfermeros y médicos (2,4 y 1,8 por 1.000 habitantes respectivamente). Con el agravante de que los trabajadores – una de las principales fortalezas del sistema sanitario en Misiones – se encuentran frecuentemente bajo alguna forma de precarización o fraude laboral, situación que en el ámbito público alcanza al 50% de la planta y además con unos de los salarios más bajos de América Latina, algunos por debajo de la línea de indigencia como los Promotores de Salud.

Siempre estamos a tiempo y este es el momento de corregir y fortalecer al Hospital Público y la Salud Pública, como lo supiera algún sanitarista que hizo frente a epidemias erradicándolas pero también otorgando – hoy también lo exigimos –  salarios dignos y condiciones dignas de trabajo, estabilidad laboral, desprecarización laboral. Fue una decisión política que deja aún el resabio de ese Estado de Bienestar, golpeado por los gobiernos, pero que aún sigue siendo un modelo para éste y otros desafíos.

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